Adriano VI en Álava

Adriano VI, el Papa que se enteró de su nombramiento en suelo vasco hace 500 años

En 1522 Adriano VI conoció su elección como pontífice en la Casa del Cordón de la calle Cuchillería. Este año, por su 500 aniversario, Vitoria prepara la celebración de la efeméride.

Publicado en EL CORREO el 25 de enero de 2022. Paco Góngora.

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En la memoria de las ciudades hay fechas acuñadas en sangre y otras que se escriben con letra divina. En febrero de 1522, hace ahora medio milenio, Vitoria era, como dice Eulogio Serdán, «la capital espiritual del mundo católico». Y vivió de primera mano la elección del nuevo Papa, Adriano VI. Elegido para el pontificado el 9 de enero de aquel año, el cardenal Adriano de Utrech era de origen holandés, deán de Lovaina y profesor de teología de su afamada universidad, obispo de Tortosa, maestro del emperador Carlos V y gobernador de Castilla en su ausencia. Durante esa regencia, tropas navarras y francesas trataron de reconquistar Navarra, castellana desde 1512, y el cardenal se hallaba en Vitoria preparando la ofensiva para frenar la intentona que había producido asedios como los de Logroño, Fuenterrabia o el de Pamplona con San Ignacio de Loyola y los hermanos de San Francisco Javier frente a frente.

La ciudad estaba llena de huéspedes ilustres como el Condestable o el Almirante de Castilla además de una verdadera corte de nobles, embajadores y obispos con sus correspondientes comitivas. La mejor casa de entonces era la del judío converso Sánchez Bilbao, la Casa del Cordón, en la calle Cuchillería y en ella residía el futuro pontífice que se disponía a celebrar su misa diaria en el convento de San Francisco cuando llegó un mensajero a caballo. «Santísimo padre, albricias, que os han hecho sucesor de San Pedro en la silla de Roma», le anunció el correo que había mandado el obispo de Gerona.

Cuentan que el cardenal abrió la carta sin inmutarse y después de leerla atentamente se volvió hacia los que le acompañaban y les dijo: «Si esta nueva es cierta, doleos de mi los que me queréis», y tranquilamente se fue a presidir la eucaristía.

Hijo de un tejedor

Hijo de un pobre tejedor de tapices de Utrech, fue adoptado como estudiante por la princesa Margarita, tía de Carlos V, entonces gobernadora de Flandes. Escribió obras de teología muy reconocidas en su época. Al morir Felipe el Hermoso, su abuelo Maximiliano le encomendó la educación de su nieto Carlos V, que contaba siete años. Cuando el emperador salió para Alemania en 1519, todos los problemas de rebeliones y guerras cayeron sobre Adriano, que ya ejercía como regente, y supo sortearlos con acierto.

La confirmación de la elección de Adriano VI llegó el 9 de febrero a Vitoria. La traía Antonio Astudillo, vallisoletano, el camarero en Roma del cardenal de Santa Cruz, Bernardino Carvajal, con las actas testimoniales de su elección y la bula del colegio cardenalicio. Adriano cenaba en ese momento. El enviado se puso de rodillas y le entregó los credenciales papeles. Los tomó con su acostumbrada gravedad y después de leerlas dijo: «Den de cenar al correo y váyase a reposar que vendrá cansado».

A la mañana siguiente dejó la casa de Sánchez Bilbao y se alojó a partir de ese momento en el convento de San Francisco, donde ya vistió de pontífice y recibió las felicitaciones de comisiones y embajadas procedentes de todas partes de España. La voz se había corrido rápidamente. Era entonces el primer Papa que había pisado suelos hispanos durante su pontificado.

Una de las primeras felicitaciones le llega del propio Rey, Carlos I, muy cariñoso con su maestro y mentor, que se la hace llegar a través de Lope Hurtado de Mendoza. Uno de los primeros grupos en visitarle fueron los canónigos de Zaragoza que le dieron como regalo la mejilla de San Lamberto, algo que agradeció mucho porque estimaba mucho a este santo.

No podía dormir

Se cuenta que Adriano VI pasó varias noches sin poder dormir bajo la preocupación del cargo para el que había sido designado. Las demostraciones de respeto y afecto hechas por el Ayuntamiento y el pueblo al nuevo jefe de la Iglesia dejaron a este tan sumamente agradecido que llegó a prometer que Vitoria volvería a contar con nueva sede episcopal.

El 19 de febrero de 1522, el Ayuntamiento aprobó regalar al santo padre «diez cargas de cebada, ocho de vino blanco y tinto, una carga de naranjas, cincuenta capones, seis carneros, dos cuartos de vaca, doce cabritos, una docena de ansarones (patos) y media docena de perniles de tocino». Todo para el largo viaje que debía acometer con su séquito.

Entre otras curiosidades, Becerro Bengoa recoge que en su estancia en Vitoria le acompañaba un criado bufón llamado Tocino, «el único capaz de distraerle en su carácter grave y reservado». El insigne prelado era de austeras costumbres, muy retirado y silencioso, enemigo de todas las pompas del mundo y adversario de los poetas, anticuarios y coleccionadores de objetos de arte. Comía poco pero de escogidos manjares y siempre sin alterarse por nada ni para nada a la hora de la comida. Bebía bastante cerveza y aún se piensa que la cerveza lo mató…»

En los últimos días de estancia de Adriano VI en la capital alavesa se extremaron las medidas para que el Papa estuviera tranquilo en San Francisco y no se le pudiera visitar. Todo el mundo quería saludarlo. El día 24 de marzo salió de Vitoria con un gran séquito. Pasó por Nájera, Logroño y Zaragoza en cuya capital permaneció varios días. Embarcó en Tortosa, de cuya sede episcopal era titular y llegó a la ciudad eterna el 29 de agosto. Dos días después fue coronado oficialmente. Desgraciadamente, su pontificado fue muy breve porque murió el 14 de septiembre de 1523. Acababa de estallar la crisis de Lutero que dividió a la iglesia. Tampoco pudo cumplir la promesa de erigir Vitoria como diócesis. Para ello hubo que esperar hasta 1862, pero aquel compromiso papal siempre fue un argumento de peso para insistir una y otra vez en la creación de la diócesis.


En la fotografía: Retrato del Papa Adriano VI a la edad de 64 años (Rijks Museum).

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